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Resumen
Tras dos semanas en las que este blog ha estado sumido en la más recalcitrante ataraxia debido a causas totalmente ajenas a nuestra voluntad como son nuestra perenne vagancia y nuestra proverbial dejadez, volvemos a la carga al objeto de glosar como ustedes merecen la que sin duda es la noticia deportiva más impactante de lo que llevamos de 2005, y si me apuran, de la era contemporánea.
Como bien saben ustedes, el deporte es pasión, un entretenimiento capaz de evadirnos de la realidad más acuciante y de llenarnos nuestra insípida existencia de alegrías y tristezas, de victorias y derrotas, de triunfos y fracasos, de humillaciones, ridículos, vejaciones, complejos, noches sin cenar, amargos desayunos, lunes con la cabeza gacha, cefaleas semanales... vale, lo han adivinado: soy culé, pero ese no es el tema de esta reflexión.
Como les iba diciendo, la pasión irracional que conllevan los acontecimientos deportivos puede llegar a ser muy contraproducente en ocasiones. Un ejemplo que confirma claramente esta teoría es el de un tal Geoff Huish, un seguidor de la selección galesa de rugby que acercóse al club social Leigh de Caerpilly a saborear el primer encuentro del Torneo Seis Naciones entre Inglaterra Y Gales. Nuestro hombre (al parecer de natural pesimista) entró en conversación con sus contertulios en plan "chafaguitarras" diciendo "Vamos a perder, hombre... es que de hecho, si ganamos... me corto los testículos". Bien, lo primero que nos llama la atención de una aseveración tan contundente es el acusado atrevimiento del que hace gala Huish al plantear tamaña disyuntiva, ya que no debemos perder nunca de vista que el deporte, en todas sus modalidades y vertientes, no es una ciencia exacta, es un juego. Y como juego está sometido a multitud de factores que confieren a todo pronóstico deportivo la misma credibilidad que tiene una rueda de prensa de Acebes. Podemos admitir que dentro de la dificultad, hay apuestas en las que el riesgo está relativamente bajo control, tú oyes decir a alguien "Si el Barça gana la Champions me corto los huevos" y dices "vale", pero hombre, en un Inglaterra-Gales de rugby...
El caso es que tras doce años mordiendo el polvo ante los ingleses... Gales ganó por 11 a 9. Y Huish, sin pensárselo dos veces (suponemos) se encaminó hacia su casa y ebrio de felicidad por el éxtasis de la victoria, cogió un cuchillo y rebañóse los testículos henchido de orgullo por el triunfo, me lo imagino con una expresión de sobreti rollo Laporta ahí "que n´aprenguin!" (I hope that they learn!) ZAS ZAS!. Pocas veces se ha visto un acto de heroicidad y de amor a un país tan tremendamente emocionante, sólo nos cabe esperar por el bien de la humanidad que este incidente no sea precursor de una nueva moda a nivel mundial de celebración de los triunfos porque ya me estoy viendo en la final del próximo mundial de fútbol ganada por España al ministro Bono con el cuchillo jamonero en el centro del campo gritando "Por EJJJPAÑÑA!"... aaaaaarrrggghhh!
Para finalizar únicamente felicitaremos al señor Huish por la victoria de su selección y porque, por encima de cualquier otra consideración, ha demostrado ser un hombre de palabra. Un valor tan tremendamente escaso en los tiempos que corren. Pese a ello, no podemos dejar de recomendarles a todos ustedes que mantengan sus primarios instintos deportivos dentro de los más estrictos límites de la razón y que no oviden que esto del rugby y del fútbol y tal está muy bien, pero que lo primero es lo primero. "Con las cosas de comer, no se juega". Y con las de joder, tampoco, permítome añadir.
MESCALINO
Abrimos hoy una nueva sección destinada a ser, con la mayor de las modestias, una guía práctica universal ante todos esos inventos que buscan hacernos la vida un poco más fácil. Y haciendo gala una vez más de nuestra innata condición de gente "in" y de nuestra archidemostrada capacidad de estar "a la última", empezaremos hablándoles del invento que es actualmente la sensación en toda comunidad de vecinos que se precie. Nos referimos al ascensor.
El ser humano, como todos ustedes saben, es por definición un animal social, necesita estar en frecuente contacto con sus congéneres al objeto de compartir vivencias, aficiones, sentimientos e inquietudes. Es por ello que, ante la flagrante contradicción entre los deseos de comunicación de la especie humana y el lacerante aislamiento al que nos somete el perverso sistema, los terrícolas tenemos que estrujarnos el cerebro para crear pequeños espacios donde el contacto con otros miembros de nuestra especie sea totalmente ineludible, de forma que podamos usar ese corto intervalo de tiempo inevitable que hemos de pasar en el mencionado espacio, para conocer mejor a nuestros vecinos, establecer una relación mucho más humana y profunda con ellos, y de paso, intentar sonsacarles toda la información posible sobre los aspectos más escabrosos, interesantes y morbosos de sus vidas. Así pues, desterremos de una vez por todas ese absurdo mito de que el ascensor se inventó para evitar la incomodidad y el cansancio de tener que subir y bajar constantemente escaleras. Ello es, simplemente, un casual efecto colateral. Las dos finalidades básicas del ascensor son, pues: A) Salvar del aislamiento social a la especie humana y B) Servir de centro neurálgico de flujo de información de la vida del barrio.
Sin embargo, y aunque pueda parecer una evidente contradicción con lo que acabo de decir, dentro de la humanidad existe un pequeño y sin embargo contumaz reducto de gente entre los cuales se encuentra quien suscribe, que pueden ser encuadrados dentro del conocido arquetipo "Anthipáthikus Mayestátem" (inadaptados sociales). Los integrantes de este grupo manifiestan (manifestamos) una curiosa actitud, ya que lejos de alborozarse y saltar de alegría al encontrarse a un vecino en el ascensor, cuando divisan a otro miembro de la comunidad vecinal blandir las llaves para entrar en el portal tienden a adentrarse en el bar más cercano para tomarse un café (aún sin ninguna gana) al objeto de evitar la enojosa escena de compartir 20 segundos de su existencia, en una estrecha cabina,como decía Marta Sánchez "a solas con un desconocido/a" (situación, que sin embargo, es el más ardiente sueño erótico de cualquier ciudadano normal).
Dejando al margen el grupo al que pertenezco de inadaptados sociales, intentaremos enumerar los distintos tipos de fauna que ustedes pueden encontrarse en el caso de que osen adentrarse en uno de estos singulares habitáculos:
1) EL ESTÁNDAR "ciudadanus corrientis" Peligrosidad: Nula: Este indivíduo no representa el menor pelígro para sus congéneres, cuando se topen con él no huyan, es inofensivo, acostumbra a ser un padre de familia de mediana edad, tan tremendamente asqueado y acuciado por los problemas que le causan su mujer, su trabajo, sus hijos y su suegra que tu vida no le importa lo más mínimo. Su actitud suele ser correcta. Abrirá el fuego con un cortés "Buenos días", seguirá con el pertinente "¿Todo bien?" (pregunta a la que usted responderá en todo caso con un escueto "sí, todo bien, gracias a Dios" a pesar de que a usted le hayan echado de su trabajo, se le haya llevado el coche la grúa, su novia se haya ido a vivir con su mejor amigo a las Pitiusas y usted haya pillado una enfermedad venérea que se le esté cayendo la picha a trozos) Si aún sobra tiempo hasta el fin de trayecto, el ciudadano estándar llenará esos molestos segundos de silencio con el recurso más manido desde que el lobo es lobo: Se convertirá en un hilo musical humano y tarareará una canción totalmente desconocida y sin letra inteligible, algo así como "papaparapapá...tararatarará..." sin mirar en ningún momento de la interpretación a los ojos del interlocutor. El tarareo se dilata en el tiempo hasta que se llega al destino indicado y se finiquita el encuentro con un rápido "Que vaya bien". En el fondo, el estándar es un tipo entrañable.
2) EL INSÍPIDO "pasmarotem sossísimus" Peligrosidad: baja: El indivíduo que nos ocupa destaca por no ser precisamente ese tipo de persona a la que te llevarías para animar una despedida de soltero. Los insípidos son una categoría de personajes enormemente abierta, lo que hace que en cualquier momento nos podamos encontrar a un insípido, ya que para este grupo no existe ningún tipo de límite por razón de edad, raza, sexo, ideología, religión o clase social. Aunque los segundos que dura nuestro contacto con el insípido se nos pueden hacer realmente eternos, al insípido se le neutraliza usando sus mismas armas, es decir IGNORÁNDOLE. La actitud del insípido al entrar al ascensor es siempre la misma, al entrar esboza un leve sonido gutural a modo de saludo e inmediatamente después entra en un absoluto estado catatónico que se prolonga hasta el fin del trayecto. Los más reputados biólogos internacionales no salen de su asombro al comprobar la increíble capacidad de estos especímenes para aguantar 40 segundos de reloj totalmente impertérritos, con la mirada fija en un punto del ascensor (suele ser un punto del suelo, la mirada suele apuntar hacia abajo) y sin mover un sólo músculo resistiendo estoicamente cualquier envite, sacudida o brusquedad por ciclópea que sea su intensidad. Se ignora cómo debe ser la vida de un insípido al traspasar los lindes de su domo, de hecho se considera uno de los grandes misterios de la humanidad nunca resueltos.
3) EL CERDO "Pestilentis Guarrísimus" Peligrosidad: Muy alta: Nos hallamos ante una de las piezas más temidas por todo humano decente. Si bien hemos de decir que es fácilmente detectable, ya que su devastadora presencia se anuncia a unos 300 metros de distancia. La característica común de esta subespecie es la terrible aversión que sienten a la explosiva presencia de agua y jabón en su piel, se ignoran las causas de tan horrendo trauma. Otro de sus rasgos más definitorios es la proverbial generosidad de sus glándulas sudoríparas, que cual japoneses en huelga, realizan sus funciones en todas las estaciones del año y a todas horas del día con una dedicación ejemplar, haciéndose sin duda acreedoras a la Medalla del Trabajo por su entrega constante. Si el sudor que generan estos seres pudiera convertirse en agua... ni planes hidrológicos, ni desalinizadoras ni hostias en vinagre. Consecuencia de ello es el adherimiento de sus más amortizados ropajes (el cerdo tiene a gala por una cuestión de principios y de fuerte carácter no cambiar de indumentaria más de una vez al mes, de hecho lenguas maledicentes han llegado a aseverar que cuando el cerdo en la intimidad se quita los calzoncillos se produce el famoso "efecto forro de magdalenas"), lo cual también hace más reconocible e identificable al cerdo. Contrariamente a lo que se pueda pensar, el cerdo tiende a ser un ser sociable y simpático e incluso a tratar con amabilidad a su compañero de ascensor, pero a pesar de su buena voluntad, la OMS aconsejó en Declaración de noviembre de 2003 evitar en la medida de lo posible el encuentro con cerdos en espacios cerrados y sin ventilación. Quedan todos ustedes avisados.
4) EL METEORÓLOGO FRUSTRADO "Palizus cum Meteosat" Peligrosidad: DEUNIDÓ: El mencionado interfecto no suele tener mala intención ni ninguna voracidad dañina, simplemente manifiesta una curiosa reacción al contacto con un vecino dentro del ascensor. Ese tic consiste en comentar indefectible e invariablemente la situación meteorológica con todo quisqui que se atreve a compartir ascensión con él. Se trata de un indivíduo ciertamente monotemático, que va a un concurso de cansinos y lo echan por abusón. Posiblemente eso se deba a algún tipo de obsesión rayana en lo patológico hacia Paco Montesdeoca o hacia Mariano Medina, pero el caso es que nuestro doméstico hombre del tiempo cuando te ve llegar de lejos ya se relame de gusto pensando en el completísimo parte que te va a soltar en breves instantes. Incluso su fórmula habitual de saludo ya suele ser "Vaya tiempo que tenemos ¿eh?" y tú contestas "no me hable, es que estoy de los nervios porque esta tarde enterramos a mi hermana" y él "Tranquilízate, ya han dicho que a partir del mediodía llega un anticiclón de las Azores". Este ejemplo es exagerado a todas luces, no es mi intención poner en tela de juicio el buen corazón del meteorólogo frustrado pero sí les diré que puede sacar de sus casillas al más calmado y plácido de los ermitaños. Anden con ojo.
5) LA COTILLA "Pedorram Metomentódem" Peligrosidad: DE CAGALSE: Sin ánimo de ser alarmistas, no nos queda más remedio que prevenir a nuestros lectores del acecho de una alimaña de esa categoría. Sin querer pecar de machistas (muchos hombres son también miembros de pleno derecho de esta especie), diremos que acostumbra a ser una señora de mediana-elevada edad, la indivídua en cuestión puede ser ama de casa o puede tener algún otro oficio pero cuando se cruza contigo en el ascensor se convierte en una agente de la GESTAPO, y con una profesionalidad y un rigor que haría quedar a Sherlock Holmes en un vulgar aprendiz, empieza a indagar en las profundidades de tu vida. Cuando ustedes se vean asediados por sus requerimientos, no se muestren esquivos ni reacios a proporcionar información, sólo conseguirán aumentar su curiosidad, simplemente MIENTAN, con eso desorientarán al enemigo a la par que preservan el tesoro de su intimidad a salvo de cualquier ataque. Otra de las características de la cotilla es erigirse permanentemente en defensora de la moral más carpetovetónica y apolillada, no esperen nunca que una cotilla se dedique a loar las grandezas de su disoluta vida, básicamente porque, si tu moral le diera igual, ya no le interesaría tu vida para nada. Para granjearse la confianza de todo inocente ciudadano neófito en los intríngulis ascensoriles, esta sanguijuela inicia la maniobra de acercamiento rompiendo el hielo con una pregunta inicial aparentemente inocua como: "¿Qué? ¿Cómo va todo?" Tras obtener nuestra consabida respuesta de compromiso, que como saben es en cualquier circunstancia "Todo bien, gracias a Dios" (vid. 1 "EL ESTÁNDAR") la cotilla empezará, al principio con un fingido pudor y después sin el más mínimo recato a meterse en nuestra vida privada con el oscuro fin de obtener jugosa información sobre nosotros que posteriormente difundirá con otras cotillas añadiéndole grandes dosis de pimienta, inventiva y "cosecha propia".
El interrogatorio constará de preguntas como "¿Estudias?" "¿Y ahora no trabajas?" "¿Y si llevas tiempo sin trabajar de dónde sacas el dinero?" "¿Qué tal te apañas en la cocina?" todo esto en el fondo no son más que meros eslabones hasta llegar a la pregunta estrella que te formularán con tono marcadamente paternalista que será... "¿Y QUÉ TAL TE VA CON LA NOVIA?"... Si te hacen esa pregunta es porque están casi convencidas de que no tienes novia, es por ello que tu respuesta debe ser "Fenomenal, estamos muy contentos". Pero dada la mala prensa que desde el principio de los tiempos tiene una institución tan útil como LA MENTIRA, la respuesta más común suele ser "¿Yo? s-si yo no tengo novia" Craso error, amigo. En ese preciso instante a la cotilla se le afilarán los colmillos y verá el campo abonado para sacarte cualquier frase que, inexorablemente, cumplirá el viejo axioma de "Todo lo que digas será interpretado en contra tuya" siguiendo el siguiente esquema:
Si tu respuesta es: "No tengo demasiada suerte con las chicas, no me quiere nadie jeje" su interpretación, que será transmitida rápidamente a otra cotilla será: "El del quinto es como toda la juventud de ahora, un jeta que no se quiere comprometer con nadie, con la tontería de no tengo suerte, va de flor en flor, se aprovecha de todas, y vive tranquilo sin ningún recato ni moral, va de modosito, pero se le ve a la legua lo salido que va, como haya muchos como este golfo, este país se hunde".
Pero si tu respuesta es: "Mire, la verdad, no quiero comprometerme. No estoy hecho para la vida en pareja, simplemente prefiero disfrutar de mi vida tranquilo, haciendo lo que me plazca y conociendo a todas las chicas que pueda que por algo soy joven jeje" su interpretación, que será transmitida rápidamente a otra cotilla será: "El del quinto es maricón, estos socialistas nos están pervirtiendo a toda la juventud, con la tontería de no estoy hecho para la vida en pareja, va ocultando su inclinación sexual, pero se le ve a la legua la pluma que gasta, como haya muchos como este golfo, este país se hunde".
A día de hoy, no se ha hallado ningún remedio eficaz contra los ataques furtivos de la cotilla, por lo que únicamente les recetaremos una buena dosis de resignación cristiana y aconsejarles que sufran a las cotillas como a las hemorroides, en silencio. A modo de prevención mantengan las distancias prudenciales oportunas y eviten dejar las cotillas al alcance de los niños. Les dejo por hoy, amigos, y si hoy el ascensor les amarga el día, no digan que no se lo advertí.
MESCALINO
Desconozco si a ustedes les ocurre lo mismo que a mí, pero esta semana de San Valentín se nota un olor especial en el ambiente, cuando uno pasea por esta ciudad, se inhala algo diferente, en según que momentos el amor te embriaga y te sientes como obnubilado por una nube blanca que te envuelve en su manto, (sobre todo se nota conforme te vas acercando al Carmelo). Sea únicamente una percepción mía o sea un hecho objetivo y comprobable, lo cierto es que este país vive una semana especialmente romántica y me han entrado ganas de reflexionar sobre los primeros amores, los más puros, los de la adolescencia. ¿Quién no lanzó las primeras miradas furtivas hacia esa compañera de clase que te volvía loco? ¡QUÉ RECUERDOS! ¿Quién no pasó noches soñando sin dormir, viviendo sin vivir, pensando solamente en ella? ¡QUÉ RECUERDOS! ¿Quién no volvióse loco de celos al comprobar que su amada secreta sólo se dignaba a pedirle folios o bolis de sobra al macarrilla de la clase? ¡QUÉ RECUERDOS! y sobre todo ¿Quién no llegó en ningún momento a saborear los labios de miel de esa preciosidad que iluminaba sus jornadas escolares? emmm... ¡QUÉ PUTA MIERDA DE VIDA!!!
Existen pocas cosas tan bonitas en esta vida como la adolescencia, con sus primeras erecciones, sus primeros cigarros, sus primeras cervecitas, sus granos, su Clearasil, sus segundas erecciones, sus dudas existenciales, sus repentinos cambios de voz, sus terceras erecciones, sus primeros afeitados, sus cuart... en fin! Pero centrándonos en el tema, ¡qué bonita era esa sensación de enamoramiento! y sobre todo, se me hace especialmente conmovedor el recuerdo de ese sentimiento tan inmensamente bonito que albergaban nuestros corazones a esa tierna edad. Entonces el amor era AMOR, sin obligaciones, sin hipotecas, sin lastres, sin compromisos... Qué bonita es esa sensación de esperar una llamada de la persona amada, que te ha dicho que te llamará sin falta para pasarte un libro de un autor que ahora ya no importa (ese día tampoco importaba)... qué bonita es esa santa inocencia... ni por un momento se te pasaba por la cabeza el dato de que había una pequeña y remota posibilidad de que la chica, por hache o por be... no te llamara!. Tú te pasabas toda la tarde dando vueltas alrededor del teléfono, (no vaya a ser que me pille a 4 metros y no lo oiga), ella te había dicho que te llamaría a las cuatro, y ahí estabas tú, esperando la llamada con una fe inquebrantable (ríanse ustedes de las Hermanas Clarisas)... y nos dieron las cuatro y las cinco, las siete y las ocho y las nueve y las diez... y junto al puto teléfono me iluminó la lunaaa...
Huelga decirles que por la cabeza se te pasaba "¿y si llamo yo? Eso es que está esperando que la llame yo, claaro, me está poniendo a prueba" (Sí, chaval, sí... un gilipollas a prueba de bomba, eso es lo que eres). Pero no llamabas! porque enseguida pensabas "Si la llamo la voy a agobiar, y no va a querer saber nada más de mí"... (Así me gusta chaval, la autoestima a tope, que tú vales tío)... Lo cierto es que a eso de las dos de la madrugada empezabas a pensar que quizás ya no te llamaba, y te pasabas la puta noche sin dormir pensando "Me tenía que llamar, ¿qué le habrá podido pasar? Mira que si le ha pasado algo y está en el hospital... y yo sin llamarla ¿pero qué clase de amigo suyo soy?? Algo muy gordo le ha tenido que pasar, ¡me dijo que me llamaría! Fijo que se le ha estropeado el teléfono de casa..." Al día siguiente llegabas a clase, le preguntabas a la niña que porqué no te llamó a las cuatro y te decía "Ah, no me acordé, estuve toda la tarde aburrida en casa hasta que me llamó un amigo y me fuí al cine con él ¿cómo no me llamaste?".... SÍ AMIGOS, ESTO ME PASÓ.
Otro efecto cuando menos curioso del amor en la pubertad es esa vena lírica tremendamente cursi que nos sale a todos, algún día algún avispado editor tendría que editar una recopilación llamada "Rimas y Cantares de un pertinaz pajillero", un ejemplo de tamañas halajas sería algo así como:
"Se lo pregunto al cielo y no me escucha
se lo pregunto al mar y no contesta,
pienso en tí en la cocina y en la ducha
días laborables y días que son fiesta.
Te busco en la aureola de la luna,
te encuentro hasta en los pelos de mi sopa,
aunque nunca he tenido la fortuna
de que me dejes quitarte la ropa.
Porque eres el ombligo de mi mundo,
y cuando tú naufragas yo me hundo
en ciénagas de la melancolía
Cuando me matas yo me siento vivo,
y no tengo ningún otro objetivo
que el de comerte a besos, vida mía".
Lo mejor del caso es que estos sueños nunca se llegaban a hacer realidad, (no como los de ahora, dónde va a parar?) y el sentimiento que sentías por esa persona casi casi estaba desprovisto de todo contenido sexual, nuestra generación ha sido en parte víctima de una educación con algunos tics carcas y cuando contábamos con 15 o 16 añitos, el llegar simplemente a besar a una chica en la boca era considerado como una heroicidad (no como ahora ,dónde va a parar) y ya el llegar a acostarse con la chica que te volvía loco era una hazaña utópica totalmente vedada a pringadillos como tú (exactamente como ahora). Así pues, los estímulos sexuales, pese a ser enormemente pronunciados en aquella época, eran autocensurados en algunos casos. Pero amigos, cuando se vive en una irrealidad, cuando construyes tus ilusiones en un mundo ficticio, tarde o temprano estás condenado a darte de bruces con tus evidentes limitaciones y con la cruda verdad (y si no que se lo digan a David Bustamante).
Todo exalumno de instituto o colegio mixto conoce una regla básica: A la salida de clase, indefectiblemente llegan LOS NOVIOS DE LAS ALUMNAS, curiosamente siempre me llamó la atención que nunca venía ninguna novia a buscar a ningún alumno, siempre era al revés, y entre esos rapaces... llega (ay!) EL NOVIO DE ELLA ¡SÍ! ¡DE ELLA!!. Los novios de las alumnas tienen 3 rasgos fundamentales: A) Son unos 3 años mayores que ellas (y en consecuencia, 3 años mayores que tú) B) Se presentan en un cochazo imponente o en una pedazo de moto (contrariamente a lo que digan por ahí, no se engañen, el tamaño SÍ importa... el de la moto, claro) y C) Una cara de mala leche propia de un cruce entre Fernando Fernán Gómez y Sadam Hussein. Con estos requisitos no puedes competir, pequeño pipiolo.
Y el día en que la ves hablando con el chico de la moto que ha aparcado ahí... intentas hacer ver que estás a lo tuyo, que pasas de ellos... pero no les quitas los ojos de encima, intentas no perder la fe, mientras te repites mentalmente para tus adentros "es su hermano es su hermano es su hermano es su hermano es su hermano..." hasta que dolorosamente compruebas que se besan con fruición, el alma se te rompe mientras sigues con la mirada el balanceo de sus lenguas ir y venir con acompasado furor. Te niegas a bajar al mundo de los mortales y te repites para tus adentros "hay hermanos muy cariñosos hay hermanos muy cariñosos hay hermanos muy cariñosos..." Pero ya no hay vuelta atrás, amigo, has perdido. Vuelves a tu casa pensando en si te vas a tirar por la ventana o si te vas a pegar un tiro, el hambre, que ya era escasa en los últimos tiempos ahora ya es inexistente y conoces que hay desgracias en este mundo INCLUSO MÁS TERRIBLES que la última derrota del Barça. Durante unos días estás irascible, no hablas con nadie, te encierras en tu habitación, armas la marimorena por la más nímia estupidez, lloras por cualquier chorrada... parece como si esa mala pécora, no contenta con pasar de tí como de la mierda, haya decidido traspasarte su menstruación. Durante días cambia tu talante, tu visión del mundo... y eso se refleja en actitudes, en gestos, en palabras... y como no, vuelve el poeta...
"Más amarguras, más hiel, más turbaciones
más rutina cruel, más de lo mismo
más noches aliviando calentones
pelándomela (no sin virtuosismo).
Despreciaste mi amor enamorado,
heriste a mi alma cristalina,
mas creo que te has equivocado
pero vamos... ¡como de aquí a China!
Pues ya cuando tú entras, yo no entro
ya no me desconcentras el concentro,
ya no me desenfocas el enfoque.
Mañana voy a hincharme de cerveza
y tú te esfumarás de mi cabeza
como por arte de "birli-birloque".
Apreciados lectores: como pueden ver, enamorarse es una mierda, no intenten hacerlo en sus casas.
MESCALINO
En mi último post comenté las curiosidades y visicitudes que rodean a los primeros amores de todo ser humano que se precie, sin embargo, meditando sobre el asunto he llegado a la conclusión de que el amor es un tema que puede abordarse desde muchos y muy variados puntos de vista, es por ello que hoy les ofrecemos la segunda parte de tan agridulce reflexión.
Como muchos de ustedes saben, el amor es un sentimiento entrañable, ennoblecedor, hermoso, digno de elogio, admirable... y más peligroso que un apagón en el Arny. Es una sensación preciosa e irritante a partes iguales, y lo más curioso es que necesitas expresarlo a la persona amada, pero sin embargo no te atreves! Llevas en tu interior una preciosa declaración de amor reconcomiéndote las entrañas pidiéndote a gritos que la permitas salir al exterior, pero cuando su destinataria se presenta a tu lado, con los oídos dispuestos a escuchar toda tu antología de lisonjas... te vence la presión, te apocas, te acobardas y te vienes abajo cual selección española en cuartos de final del Mundial. Es típica en institutos y universidades la escena de pillar por banda a tu codiciada presa en el intermedio entre clase y clase y, en un efímero e irracional ataque de valentía, espetarle un prometedor y misterioso "Merche, a la salida espérame que quiero hablar contigo, es importante"... craso error, amigo. A estas alturas del partido la damisela en cuestión ya sabe perfectamente por dónde vas y tiene TODA UNA HORA de clase para entre apunte y apunte, ir meditando la escapatoria que va a utilizar cuando tú empieces a soltar la retahíla de frases preciosas. Durante esa apasionante hora de literatura española, historia del arte o derecho romano, sería impagable poder conectar un micrófono en los pupitres de los dos contendientes en litigio, los dos comentarían la jugada con su compañero/a más o menos así:
Él:
"Puffff.... joer tío, la he cagao, la he cagao pero bien, soy gilipollas tío, soy imbécil, me estoy rayando que no veas, le he dicho a la Merche que quiero hablar con ella después... pufff... bufff. no hay huevos tío... ¿qué le tengo que decir? ¿que me mola? no hay huevos, nooo, la he cagao pero bien, pero bien, bufff... he de echarle cojones, soy un hombre, hostia, claro que sí, lo he de hacer por mis huevos, se lo diré ¡Sí! ¡Se lo diré!..."
Ella:
"Tía, tía, tíaaa, no veas que fuerte, tía, tía ¡Pa flipar! ¡AAAAHHHH!!!! Me va a pedir pa salir, tía, seguro, seguro, lo sé tía lo sé, se lo he visto en la cara ¿y yo que hago ahora tía? A ver, no está mal ¿vale? pero es que pa salir tía... no sé... o sea, yo con él guay, ¿no? nos llevamos tope de bien, es un cielo, es una pasada de tío, pero es que tía, salir juntos... qué fuerte tía, no lo esperaba, qué capullo tía..."
Al acabar la clase los dos tortolitos hacen ver que no se acuerdan de la cita que tienen pendiente desde hace una hora y salen de la clase sin ni siquiera mirarse pero CASUALMENTE se encuentran en las escaleras y ella le dice a él "Ah! tío, ¿qué era aquello que me tenías que contar?" y él dice "Ah, ¿y-y-y-yo? Pu-pu-puesss aho-ora mismo, no lo recuerdo... ah, sí! que si me puedes dejar un billete de metro que tengo el ticket agotao!" Huelga decir que Merche deja a nuestro amigo con la palabra en la boca, se marcha con una cara de indignación e indiferencia a partes iguales, y por si fuera poco, la muy inhumana, no le deja el billete de metro. El afectado se va a casa con un sofocón interno de tres pares, maldiciendo su timidez y prometiéndose que de mañana no pasa, (promesa que se realizará diariamente hasta que termine el curso). Cuando llega a casa se tumba en la cama con los ojos abiertos, mirando a un punto fijo del techo de su habitación y cuando consigue levantarse perpetra joyas líricas como: (la última del blog, lo prometo, estimados lectores)
"Maldita timidez, maldita daga
que hieres a mi corazón tan bueno,
igual que la indecencia hiere a Fraga,
igual que Rockefeller al Moreno.
Quiero decirte que me has enamorado
pero después yo nunca te lo digo,
y no había vuelto a estar yo tan rayado
desde que me enteré de lo de Figo.
Mi corazón sería un mar en calma
si navegara el buque de mi alma
con firme valentía por bandera.
Y en cambio mi cabeza está que arde,
y es que yo soy, aparte de un cobarde,
un fistro pecador de la pradera".
Pero dejando al margen ya la historia de nuestros tortolitos, hay que decir que a veces uno se declara a alguien y ese alguien no da una respuesta muy firme, es el típico caso de cuando estás terriblemente colado por una bella dama, tras ímprobos esfuerzos te decides a declararte y ella te responde algo así como "Me siento muy halagada por todo lo que me estás diciendo, eres un tío genial, tienes muchísimas cualidades, pero... (Nota del autor: en estos casos, cuando escuches la palabra "pero" ya la has cagao)... yo ahora acabo de salir de una relación y no estoy preparada para iniciar otra, estoy confusa y necesito espacio para mí, tiempo para pensar, me siento fenomenal contigo y me encanta que salgamos juntos, pero creo que nos lo tenemos que tomar con calma y de momento salir como amigos, más adelante puede que podamos ser algo más, pero ahora no puedo comprometerme..." Estoy seguro de que a la mayoría de ustedes algo como esto les suena de alguna vez ¿no?
Esa respuesta se construye así porque es demasiado cruel que te contesten "Me atraes menos que el hermano feo de Alf" pero la experiencia nos indica que no es la mejor respuesta que pueden darte, amigo. Sin embargo, cuando estamos en ese patético estado de aturdimiento amoroso y enchochamiento masivo... ¡nos agarramos a un clavo ardiendo! Indefectiblemente interpretamos ese "De momento como amigos, luego ya veremos" como "Hoy no ha caído, pero si me lo curro ésta va a caer". ¡Nos negamos a resignarnos! De hecho estoy convencido de que si la respuesta del bomboncito en cuestión fuese "Saldré contigo el día en que las ranas críen pelo" nos pasaríamos todos unos dos meses abriendo cada día el diario por la sección de ciencia. Como siempre, los hombres tendemos a pensar más con la cabeza de abajo que con la de arriba. El caso es que esa respuesta de "de momento amigos, más adelante no sé" es a todas luces excesivamente ambígüa, ya que a partir de entonces se abre una especie de etapa diferente en la relación; ya no somos únicamente amigos, tampoco somos pareja ni mucho menos, tampoco estamos enrollados, simplemente estamos "en período de pruebas". Queridos lectores; desde aquí les brindamos un consejo gratis: Contrariamente a las relaciones laborales, en los temas de pareja y amorosos sólo tienen validez los contratos indefinidos, no sometan nunca a sus sentimientos a un contrato temporal ni mucho menos a un período de prueba, a menos que la otra parte garantice expresamente un jugoso contrato de prácticas.
Tras la respuesta mencionada, nos esperan unos mesecitos "acumulando méritos para ascender de categoría". Y existe una amplia amalgama de pruebas a las que puedes ser sometido, lo curioso es que ella te ve únicamente como un amigo y da la sensación de que a los dos días ya ni se acuerda de tus llantos de cordero degollado y tu cara de besugo al horno pidiendo a gritos amor. Pero tú tienes la sensación de estar en una eterna Gymcama en la que todo cuenta, todo suma puntos. Te muestras insoportablemente solícito, intentando mostrar nuestra innata amabilidad exquisita y únicamente conseguimos poner de los nervios a la chica, ahíta de tanta sonrisa forzada y de tamaña sobredosis de azúcar. Intentas conquistarla con detalles, con regalitos... no se engañen, estimados lectores, no caigan en esa trampa, no concedan credibilidad a ese burdo rumor que propagan lenguas maledicentes y tengan meridianamente claro que el amor de una mujer no puede comprarse simplemente con dinero. El amor de una mujer puede comprarse con MUCHÍSIMO dinero. De todas formas, esta etapa no suele durar demasiado, a los pocos días la amada por fin recapacita, aclara felizmente sus ideas y descubre que estaba equivocada, que ese leve cosquilleo en el estómago que lleva sintiendo desde hace unos días era cierto, que esa gran amistad que mantiene desde hace tantos años se ha convertido al fin, en amor y que ya está totalmente preparada para iniciar una relación, en ese momento no tardará en decirte que lleva unos días saliendo con uno de sus mejores amigos del barrio.
En resumidas cuentas amigos, estas cosas hay que tomarlas con paciencia, supongo que ya llegará tarde o temprano el hombre o la mujer de sus vidas. Y cuando se presente el amor, agárrenlo bien fuerte, no tengan miedo al compromiso, a fin de cuentas el matrimonio no es más que un sencillo y completo curso de iniciación en matemáticas básicas, ya que incluye una suma de obligaciones, una resta de libertades, una multiplicación de preocupaciones y una división de bienes.
MESCALINO
Ella siempre está mojada. Siempre dispuesta. Acaricia suavemente tu cuerpo de abajo a arriba, de arriba a abajo. Lo hace sin rechistar. Incluso aquellas veces en que decidiste compartirla con otra chica. Con ella, has sentido partes de tí que ni siquiera sabías que existían. Y sin embargo, paradigmáticamente, no ocupa un lugar importante en tu corazón. Ni siquiera un lugar. Y es consciente de que, el día menos pensado, la cambiarás por otra y lo vuestro terminará.
Sí amigo. Así es como las tratamos. Cambiamos de una a otra cual abeja de flor en flor. Hay que asumirlo, su ciclo terminó y es hora de renovarse. Al principio, para qué negarlo, resultaba atractiva, pero ahora la ve sucia, llena de pelos. En este mismo instante, querido afecto, es cuando debe levantar su pomposo trasero del sofá y espetar a los cuatro vientos: "es hora de cambiar de esponja".
¡Ah! La esponja. Icono del siglo XXI, de la cultura de la salud y la higiene. Inútil invento que intenta hacernos de esa ducha matutina en el más invernal día del más frío invierno algo placentero. En este momento debo advertirle, amado canciller, que por si nunca tuvo contacto con una, la esponja es, a día de hoy, todo objeto que se asemeje, por su elasticidad y porosidad, al esqueleto de las esponjas animales, y que sirva como utensilio de limpieza. Sí, amigo: es aquel objeto extraño de vivo color y suave textura que se encuentra en las cercanías de su ducha. Y aclarando también para aquél que no sepa lo que es una ducha, por evidente falta de contacto con ella: la ducha es la aplicación de agua que se hace caer sobre el cuerpo en forma de chorro o de lluvia para fines higiénicos o curativos, o bien el aparato o espacio destinados a este fin.
De esponjas, las hay de todos tipos, colores, texturas y tamaños. Y es curioso porque, en domos acomodados, elegantes, de cuyas paredes podría colgar un cuadro del mismísimo Van Gogh sin desentonar lo más mínimo, se pueden encontrar esponjas azules con forma de elefante: la esponja es, pues, vía de salida de todas aquellas frustaciones estéticas que la sociedad de hoy nos impone.
La adquisición de toda esponja siempre viene acompañada de la indecisión propia de estas eventualidades. Es como ir a comprar ropa. Hay que elegir color, tono, material, tamaño y forma, decidir si combina con el lavabo e incluso con nuestra personalidad. Una vez adquirida, la llevamos a casa con el objetivo de poder disfrutarla a partir del siguiente dia. Y lo hacemos: al levantarnos, retiramos impacientes el envoltorio de celofán que la contiene y, por una vez en nuestra decepcionante existencia, entramos en la ducha con decisión y alegría.
El primer contacto con la esponja siempre resulta frustante: uno esperaba otra cosa. Pero la esponja es como nuestro rinconcito en el sofá, hay que dejar que se vaya dando de sí. A base de esfuerzo y trabajo, esa esponja pétrea y firme se va convirtiendo en un dócil aliado del baño temprano. Se moldea, se adapta. Si alguna cualidad tienen las esponjas, que comparten con los metales, es que son dúctiles y moldeables.
Sin embargo, el funcionamiento interno implícito de la propia esponja es lo que, a postres, acaba terminando con su utilidad: ella, de forma natural, tiende a absorber todo lo que se le ponga por delante. El problema es que no distingue entre agua limpia, agua sucia o caldo de pollo. Esto hace que, en un momento determinado, y dependiendo de la frecuencia y características de su uso, la esponja acabe siendo, literalmente, un escupidero de mierda. Su suave color pastel de los primeros días se ha ido perdiendo, y un color más intenso e irregular se apodera poco a poco de todo su ser. ¡Y no digamos ya cómo huele!
Además, la esponja pierde, con el paso del tiempo, otras facultades importantes, lo cual nos permite conocer cuándo ha llegado el momento de relevarla. Sí, excelso leyente. Esa mata de pelos en su esponja no es normal. Es más, yo me atrevería incluso a decir que es una guarrada. ¡Cámbiela ya, hombre de Dios!
Y si su esponja no tiene aún a bien mostrarse peluda, compruebe su tersura: el momento de cambiar la esponja llegará el día en que ud., con los ojos cerrados, no sea capaz de distinguir si se está enjabonando con una esponja o con papel de lijar.
En cualquier caso, la vida útil de una esponja siempre es difícil de determinar. La mujer, como ser inmaculado que es, le da un uso basado en una periodicidad constante, lo que permitiría determinar, de forma aproximada, cada cuánto debe cambiar de esponja. Sin embargo, en el hombre, el uso de la esponja viene determinado por factores como su independencia o su estado civil: inexplicablemente, el rechazo masculino a la limpieza siempre se ve solapado si el mozalbete disfruta de una relación sentimental, especialmente si ésta tiene posibilidades sexuales. En otras palabras, amados lectores que a la par sean padres: si comprueban que su hijo adolescente se ducha en un mismo día hasta ¡dos veces!, no lo duden, ha llegado el momento de que charlen con él sobre las abejas y las flores.
Row.
Siempre supiste que estaba ahí, toda para tí. Te miraba con ojos de Dulcinea. Pero nunca le hiciste caso. La primera impresión siempre es la que cuenta, y la tuya era nefasta. La veías ahí, sucia, llena de pelos, con esa pinta de abandonada, esperando que alguien le hiciera caso. Tu hermana siempre se lo hizo, pero tú aún hoy continúas reticente a entablar la más mínima relación con ella. Desgraciadamente, querido lector, llegará un día en que ud. no podrá ya escapar de sus garras. Ese día en que su madre, ejerciendo la más dura de las patrias potestades, le diga: "de hoy no pasa que te duches".
Y es que, amado canciller, la ducha es un enemigo acérrimo que hay que combatir. Un muro inexpugnable de esta sociedad de hoy que nos llama a la salud y la higiene. Su uso "se da por hecho" y aquellos que aún hoy se resisten reciben sin el mayor de los miramientos los peores motes y las más incendiarias miradas.
La ducha, amigo, se da en dos variantes: la de plato (de ducha, se entiende) y la de baño. El primer caso estaba reservado habitualmente para la clase proletaria, si bien hoy en día es posible tener un plato de ducha con hidromasaje y otras fruslerías propias de rico, lo cual resulta de lo más chic. Es más, se podría decir que, actualmente, tener baño, y salvo excepciones como el jacuzzi, está absolutamente demodé.
Desde los principios más elementales de la historia, ha existido un precepto relativo al baño que se ha mantenid incólume a través de los siglos: aquél que dice que el sexo masculino tiende a evitar la ducha mientras que el femenino tiende a abusar de ella. Curiosamente, y pese a mi convencimiento, aún no se ha demostrado que el hombre sea alérgico al agua o al jabón. Entonces ¿por qué los niños pequeños (sexo masculino) nunca se quieren duchar? ¿Cuántas pataletas, excelso leyente, cuántas veces montó ud. en cólera, cuántas malas palabras a sus padres cuando tocaba ducha?.
Y es que, amigo, por más que quieran vendernos la ducha como la panacea de la salvación, ésta es tan sólo un invento demoníaco. ¿O acaso ud. considera, venerado afecto, que entrar en la ducha a las siete de la mañana en el más invernal día de los días de invierno, es un placer? La entrada a la ducha es siempre un sufrimiento: en verano, porque el sudor nos reconcome, en invierno, porque el frío nos acecha. Tras levantarnos, y ver esos diez minutos del informativo matinal, siempre pensamos para nuestros adentros: "ahora a la ducha". Y ese ahora se retarda, se retarda... "Ahora sí". Y nada. "Cuando acaben de comentar esta noticia voy". Al final, hemos visto el informativo matinal al completo, la consabida tertulia política y hemos tenido que salir por pies porque sino ya llegábamos tarde.
En mi tierna infancia, allá por finales de los setenta y principios de los ochenta, se llevaba mucho la tradición de que a los niños se les baña el domingo. Incluso siendo un día a la semana, había quien le encontraba pegas. Ahora de mayor, no es que le encuentre pegas, es que pienso que era una auténtica guarrada. Los padres acababan martillo y cincel en mano sacando capas de mierda a los niños cual Miguel Ángel esculpiendo el inmaculado mármol. La verdad es que la cosa tenía tela. Visto con perspectiva, se podría decir que de críos éramos todos unos pequeños sacos de detrito.
Así es. Desde niños, odiamos ese invento demoníaco. Sin embargo, inexplicablemente, las niñas lo adoran. Le cuentan todas sus confidencias, porque saben que la ducha es el único elemento en este mundo del que se pueden fiar. Piénsenlo: su ducha verá, a lo largo de su vida, sus mejores virtudes y sus peores defectos, sus momentos más algidos y aquellos más trágicos. Por ella pasarán relaciones, rupturas, amigas, "amigos"... y la ducha, toda discreción, nunca suelta prenda. ¡La muy jodía!
El sexo masculino, pese a su desapego por este invento infernal, pasa por dos fases en las que adora la ducha. La primera es cuando disfruta de pareja. Aunque sólo al principio. Después, como buenos cerdos que somos, vamos dilatando el espacio entre ducha y ducha hasta que la relación llega a un punto en el que o la chica nos deja o directamente coge el tifus o la fiebre amarilla, a elegir. Y la segunda, ese mágico momento en el que tu pareja te espeta: "¿nos duchamos?". ¡Ah! amigo. Ahí no hay hombre que se resista a los placeres de la ducha. Y es que, aunque somos animales de costumbres, dos tetas tiran más que dos carretas.
Row
Contrariamente a lo que parece indicar el título que acaban de leer, que parece sacado de un ciclo de los Hermanos Marx, el relato que viene a continuación, en su momento no tuvo ni puta gracia para su principal protagonista (un servidor de ustedes) hoy el velero de mis recuerdos toma rumbo hacia aguas turbulentas donde las haya. Y es que mi perenne inmadurez, mi congénita desorientación vital y mi amplia amalgama de neuras difícilmente pueden ser entendidas a los ojos de un espectador neutral sin hacer referencia a algún acontecimiento traumático en mi adolescencia, a algún hecho remoto que inesperada y sorpresivamente se integrase para siempre en mi bagaje existencial grabando a fuego su indeleble huella en mi memoria para siempre jamás. Pues bien, seguidamente paso a hacerles partícipes de una de esas batallitas de abuelo precoz.
El día de autos fue una primaveral jornada, allá por el año 97. Por alguno de esos clásicos avatares de la vida que ahora no recuerdo, en esa concreta fecha en mi casa únicamente habitábamos 2 primos míos y quien suscribe. El sol del mediodía brillaba en todo su esplendor y los 3 mozalbetes moradores del hogar nos disponíamos felices a emprender camino hacia nuestras respectivas universidades, sin embargo, como aún disponíamos de tiempo suficiente, antes de partir hacia el templo del saber, estimé más urgente visitar el templo del cagar. En consecuencia, adentróse quien les habla en el cuarto de baño mientras mis primos abandonaban el domo para entregarse a sus respectivos quehaceres estudiantiles.
Así pues, quedámonos dentro del piso únicamente yo y mi circunstancia, paladeando con deleite cada uno de los escasos segundos de esa placidez, esa serenidad y esa calma chicha que sólo nos ofrece la soledad. Mas, una vez completado con éxito el escatológico trámite de satisfacer mis necesidades más perentorias, procedí a abandonar con prontitud el lavabo en busca de horizontes más halagüeños, cuando comprobé, no sin estupefacción que, por hache o por be... ¡oh, fatalidad! el pomo de la puerta (de natural siempre tan dócil y displicente) se resistía reiteradamente a realizar su función principal, impidiéndome, por ende, abandonar tan minúsculo habitáculo. Tras presenciar tamaño acto de insurrección pomopuertil, mi rostro dibujó esa clásica sonrisa tensa y cínica tan propia de candidato a la presidencia del gobierno sorprendido por su rival en las urnas con papeles oficiales que demuestran su corrupción en pleno debate preelectoral. Ya saben, esa expresión de "Por favor, jaja, ¡no irán a creerle! ¡Qué tontería!". Pues mi cara dejaba leer "Por favor, jaja, ¿no querrá decir esto que voy a pasarme todo el puto día aquí encerrao? jaja ¡qué t-t-t-to-tontee-r-íí-a...". Evidentemente, creo totalmente innecesario decirles que esos negros augurios no se cumplieron (uno no se ahoga en un vaso de agua, amigos), no me quedé encerrado todo el día, tan sólo fueron cinco horas y media. Para ser exactos, desde las 4 de la tarde hasta las 9.30 de la noche.
A todo esto, estimados lectores, deben ustedes conocer el dato de que el lavabo en cuestión que tuvo a bien privarme de mi libertad deambulatoria era realmente diminuto, por no disponer, no disponía ni de bañera, con lo cual no pude al menos aprovechar y regalarme a modo de indemnización un relajante baño caliente. Sólo había un retrete y un ínfimo lavabín para enjuagarse las manos. Otra característica definitoria del susodicho enclave es que era el habitáculo con una mayor "renta per cápita" de espejos que uno pueda encontrar en toda la Unión Europea. A día de hoy aún me pregunto cómo es posible poner tantos espejos en tan poco espacio, había un espejo incrustado ¡en la misma puerta! situado ahí al objeto de recordar a sus habitantes la pequeñez y la imperfección inherente a la condición humana. Disculpen los lectores más aprensivos la ordinariez y el que sea tan diáfanamente explícito, pero no conozco una mayor cura de humildad que el contemplarte a tí mismo, cara a cara, mientras estás cagando, pantalones abajo, en ocasiones luchando denodadamente, con la ley de la gravedad como tu único aliado, y contemplando, sin máscaras ni eufemismos, esa indefinible cara de gilipollas irredento, mirándote con esa expresión como diciendote a tí mismo "Bueno, mira, aquí andamos, ya ves, cagando" que se nos queda a todos ante tan humillante coyuntura.
Como les iba diciendo, tras una media hora de árduos esfuerzos, intentando forzar el pomo con todas tus reservas físicas para que abriera, llega ese singular instante en que decides que no hay solución posible, no hay cámara oculta por ningún sitio y has de asumir tu derrota con naturalidad. Intenté por una ventanilla pegar cuatro gritos esperando ilusoriamente que alguno de mis adorables vecinos tuviera a bien intentar rescatarme pero a la vista de los resultados... debían estar todos muy ocupados jugando al mus. Ante tal horizonte, uno decide calmarse, tomarse las cosas con racionalidad y explotar al máximo los pocos recursos de diversión que te ofrece un lugar como ése... No era un panorama muy alentador, la verdad sea dicha... no había móviles, no había ninguna radio, por no entrar, no había entrado ni un librito, ¡ni el diario del día, oigan!. Espero que me comprendan cuando les confiese que ante tal disyuntiva, un chico en lozana juventud, encerrado en una especie de zulo minúsculo con la única compañía de un vater y un lavabo... sólo tiene una opción de entretenimiento mínimamente válida... hombre, también está la posibilidad de meditar y reflexionar sobre el sentido de la vida y el rumbo que necesitaba mi existencia, pero comprendan que cinco horas y media meditando... pueden agotar irremisiblemente incluso al mismísimo Dalai Lama, con lo que espero que todos ustedes no se escandalicen en demasía si les confieso que me entretuve como hubieran hecho muchos de ust... Vale, ustedes ganan. Me hice cinco. Una por hora, así con la calma... Lo siento, les juro que no entraba en mis planes para aquella tarde, pero el aburrimiento me obligó.
No quisiera extenderme en este capítulo, pero no me resisto a resaltar el tremendo "shock", que puede causar en una persona de bien la estrambótica escena de estar entregándote a los encantos del onanismo en un estrechísimo cuchitril infestado de espejos por todos lados, mirara a donde mirara, solamente veía Mescalinos ahí dale que te pego, con respiración entrecortada y esa estremecedora mueca con los ojos salidos de órbita a punto de saltar hacia el espejo a propulsión... digno de los "thrillers" más terroríficos... de hecho entre el agobio de tantas horas, el encierro y las alucinaciones, casi daban ganas de retar a tus "otros yos" en plan "a ver quién acaba antes", todos mis esfuerzos fueron baldíos, siempre empatábamos los cuatro. Creo que ha sido sin duda lo más parecido a una orgía que he experimentado de momento en mi monacal tránsito por este mundo. De hecho si este testimonio cae algún día en manos de Pedro Almodóvar estoy seguro de que le servirá de inspiración para su próximo éxito en taquilla, ya me estoy viendo ahí el título: "Encierro cruel: El ataque de los clones"
Otra opción de pasatiempo que quedaba era la de cantar; recuerdo que ante mis histriónicos berridos reclamando la solidaridad vecinal y la nula respuesta que obtuvieron, decidí seguir ese conocido aforismo que reza "cuando todo está perdido, siempre queda molestar" y presa de la ansiedad y de la claustrofobia, torturé a todo mi querido vecindario con una gran antología de versiones del pop-rock nacional más en boga en aquellas fechas. Desde clásicos de Loquillo hasta rumbas de Sabina, pasando por tangos de Calamaro, todos pasaron en aquella infausta tarde por el particular tamiz de mi sensibilidad artística. De hecho desde tan memorable jornada siempre consideré que la música nacional está en deuda conmigo tras esa apología reivindicativa del arte patrio. Pero para bien o para mal, todo en esta vida se acaba, y a eso de las nueve y media mi primo regresó de su clase quedándose abrumado por los histéricos alaridos provenientes del baño, eran tranquilas y sosegadas imprecaciones más o menos como "¡SÁCAME DE AQUÍ DE UNA PUTA VEZ, ÁBREME, POR LO QUE MÁS QUIERAS, ABRE, POR DIOS, ABREEEEE!!!!"
La verdad es que los gritos resultaban ciertamente atronadores, mas doy fe de que quedaron inmediatamente solapados por las estridentes carcajadas de mi primo al enterarse de la aventura. No crean que a partir de aquí todo fue miel sobre hojuelas, no. Hubo unos diez minutitos de propina para encontrar la puta palanquita, y cuando por fin el horizonte abrióse ante mi ser, el impacto que me produjo esa sensación de infinita libertad, de aumento espectacular del campo de acción y ese incremento de amplitud de miras sólo fue superado por el impacto que le produjo a mi primo comprobar la tremenda humanidad que desprendía el diminuto recinto, ese sensitivo mosaico de fragancias tan tremendamente naturales... sólo le faltó salir corriendo hacia cualquier parte, sin rumbo ni dirección alguna, únicamente huir ¡HUIR! ¡HUIR!!
Tras una experiencia como ésta, huelga decir que me he convertido en un ser no apto para la cautividad ni los espacios cerrados, tras este trauma mi lema vital se resume en ¿ENCIERROS? ¡NI EN LOS SANFERMINES!!!
MESCALINO