Cuando uno se va haciendo mayor, se da cuenta indefectiblemente que durante su infancia, y de forma reiterada, es sometido a toda clase de engaños y torturas con tal de que se alimente según los preceptos maternos. Y, casualmente, los nutrientes que la madre considera ínclitos y fundamentales son, habitualmente, los menos carismáticos.
Si en algún momento una mente privilegiada tuviera a bien el realizar una encuesta acerca del derivado de la leche favorito de cada individuo, sin duda habría una pitanza que no aparecería en la lista. Un alimento carente de carisma. Un alimento que, no nos engañemos, no es objetivo de grandes campañas de promoción. Les hablo, queridos y excelsos, de la simpática mantequilla.
¡Ah! Díganme si uds., amados lectores, recuerdan ni siquiera un sólo momento en el que la mantequilla les diera algún placer (¡al paladar, guarretes!), un momento en que ornamentase un plato de forma efectiva, un momento en que se sintieran un patético títere desgraciado porque descubrieron que en su nevera faltaba tan polifacético yantar.
Y es que, no nos engañemos, el inventor de tan simpar vianda no será precisamente recordado por su aportación al mundo. Supongo que es por eso, y porque los churumbeles no hemos sido nunca amantes de la mantequilla, que en los años ochenta alguien intentó renovar esta manduca forzándola a ser atractiva para los mocosos: intentó, sin mucho éxito, que la mantequilla pareciera helado. Y apareció la mantequilla de colores: roja, marrón y amarilla (y, aunque suene increíble, con un supuesto sabor a fresa, chocolate y vainilla, respectivamente). Casi daban ganas de coger un par de galletas y montarse un helado frugal.
Si he de serles sincero, ni siquiera con este atractivo aspecto la mantequilla pasó a mejor posición dentro de mi lista de viandas predilectas. Es más, la encontré aún más vomitiva de lo habitual. Sin duda fue un intento reconocible, con un objetivo honroso como poner una barra de mantequilla en cada hogar, pero fracasó. De hecho, hay gente que se jacta aún de no haber oído nunca hablar de la mantequilla de colores.
Estos intentos publicitarios y publicitosos de conseguir que los niños coman lo que no quieren continúa hoy en boga. Me viene a la mente con cierta claridad un promocional televisivo de una conocida marca de patés que no voy a nombrar, pese a que todos uds. saben que me refiero a La Piara, donde se anuncia un paté con un sabor tan poco atractivo como el del atún, y donde una señora de buen ver, mientras elabora un bocadillo del susodicho paté para sus retoños, espeta sin piedad un "paté de atún: la mejor forma de que coman pescado". Mire señora: la mejor forma de que coman pescado es comiendo pescado. No nos engañen más.
Row
Autor: Mescalino
Ya era hora de que alguien denunciase pantomimas como las que nos vemos obligados a soportar desde pequeñitos, burdas maniobras de "los de arriba" con el oscuro fin de que todos pasemos por el aro del circuíto establecido.
¡Ah!, sintiéndolo mucho, les revelaré otra de esas manipulaciones: Los Reyes Magos no existen, son los padres. Lamento su desilusión pero me niego a ser cómplice de tamaño paripé. Saludos.
Fecha: 02/12/2004 16:32.
Autor: Row
Te equivocas. Los Reyes Magos son MIS padres. Un día me lo confesaron: nosotros somos los reyes. Desde entonces, me jacto de todo aquél que me dice lo contrario.
Fecha: 02/12/2004 19:10.
Autor: Ag_nito
Yo como republicano prefiero a Papa Noel, además va de rojo, que coño!!!
Fecha: 02/12/2004 23:32.
Autor: jors
Mmmm... sí, en mi infancia la manteca también tuvo momentos de protagonismo, cuando durante una época las unté en las archiconocidas -para entonces- galletas doradas y redondas, de cuyo nombre no quiero acordarme porque marbúrro. Un aporte calórico indiscutible, teniendo en cuenta que era la representación del dicho "pan con pan (...)", pero en este caso con materias grasas.
Y como bien dices, me puedo jactar de no conocer las mantequillas multicolor, pues pasé mi juventud en un pueblo con pocas novedades a la venta.
Hoy en día está de moda el anuncio de chocolatinas y demás porquería, con el atractivo para los críos del "valor añadido": cromos, muñequitos y demás parafernalia que hacen olvidar al niño, casi por completo, de si lo que está comiendo es bazofia o alimento. ¿Y qué piensan algunos padres? ¡Qué bien, ya no les tengo que hacer bocadillo!
Fecha: 06/12/2004 20:09.
Autor: Sayame
El paté de atún está rico, aunque lo que menos llevan esas cosas es pescado, porque el ingrediente principal es la patata y los conservantes. Pero no deja de estar rico y tener una agradable textura.
Tal vez no es un manjar de dios del Olimpo, pero te apaña una merienda y parece un poco menos grasiento que el paté de hígado y esas cosas.
En cuanto a la mantequilla de colores, ni me atrevo a opinar... Por suerte nunca nos encontramos en el super.
Un saludo.
Fecha: 01/03/2008 04:04.